2017/08/06

Las aves migrantes

Ya sabéis que muchas de nuestras aves son migratorias, y ello incluye a dos de las especies belalcazareñas más conocidas y apreciadas: la cigüeña blanca (Ciconia ciconia) y la golondrina común (Hirundo rustica). La más tempranera a la hora de abandonar el pueblo es la cigüeña, que suele hacerlo a lo largo del mes de julio. En los años lluviosos, cuando llegado el verano aún abundan las charcas y el agua en los arroyos, no es raro que parte de las cigüeñas adultas se queden y eviten hacer el viaje de miles de kilómetros que las lleva hasta el tercio central del continente africano, donde se concentran los lugares de acogida de esta especie. También suelen quedarse en el entorno de las ciudades y otras áreas donde encuentran abundante comida en los vertederos de resíduos sólidos urbanos. Las cigüeñas que migran suelen volver hacia el mes de enero, salvo en los inviernos más crudos, en los que pueden retrasar algo su regreso.

Cigüeñas sobre la torres de la Iglesia de Santiago de Belalcázar, hace pocas semanas, poco antes de iniciar su migración estival. 30.06.2017.

Las golondrinas suelen ser más tardías, y aunque empiezan a migrar en julio o el inicio de agosto, en ocasiones prolongan su partida hasta entrado el mes de septiembre. Lo mismo ocurre con su regreso, que suele darse ya hacia el mes de abril.

Golondrina fotografiada a finales de junio en Belalcázar. 30.06.2017.

Si estáis interesados/as en la migración de las aves, la Sociedad Española de Ornitología (SEO/Birdlife) desarrolla desde hace años el programa MIGRA (https://www.seo.org/tag/programa-migra/), para el que cientos de voluntarios aportan datos sobre los momentos y rutas que usan las aves migratorias españolas. Tenéis además un enlace más directo en: http://www.migraciondeaves.org/


2017/08/05

Paisajes estivales

Dehesas en el entorno de Santa Eufemia. 30.07.2017

A partir de mayo y junio los campos del Valle de los Pedroches y comarcas próximas van perdiendo su color verdoso y viran hacia el dorado pajizo propio del paisaje estival. Ese color se observa bien tanto en los pastizales y las dehesas como en los campos de cereal o en el estrato herbáceo de los matorrales, y contrasta con el gris o el tono verde ceniciento que exhiben la mayoría de plantas vivas (carrascas, retamas, etc.). 

Herbazales secos al pie del castillo de Belalcázar. 30.06.2017

En los últimos años, muchas dehesas que poseían hasta entonces pastos para ganado se han roturado para albergar siembras de cereal, en función de las subvenciones que los propietarios podrían percibir, o por las previsiones de venta en función de la demanda del mercado. En 2017 han abundado sobre todo las siembras de mezclas de cereal para heno, escasas en el pasado, cuando las plantaciones solían ser monoespecíficas, sobre todo de trigo o cebada.

 
Dehesas con cereal recién cosechado, entre Santa Eufemia y el Viso, por la carretera que conduce a Belalcázar. 30.07.2017

El color grisáceo es frecuente en el follaje de las encinas y muchas de las especies características de esta época del año, tales como cenizos, amarantos, etc. Esta coloración se debe a menudo a la cubierta cérea o de vello microscópico que cubre las hojas de esas especies, y que ayudan a evitar la transpiración, manteniendo las plantas con una cantidad mínima suficiente de agua, y permitiéndoles soportar mejor las altas temperaturas estivales.


  
Ejemplos de especies herbáceas con tonos grisáceos frecuentes en el paisaje estival de Los Pedroches. A la izquierda, yerba tintorera o tornasol (Chrozophora tinctoria); a la derecha, cenizo común (Chenopodium album)

2017/08/04

La planta de la rotonda del mercado de Belalcázar


Aspecto actual de la rotonda construida frente a la puerta del mercado municipal belalcazareño.

Algunos/as lectores/as del blog han preguntado sobre la identidad de la planta tapizante que cubre la rotonda que se construyó hace algo más de un año a la entrada de Belalcázar por la carretera que viene de Santa Eufemia, en frente del mercado municipal. Se trata de una variedad ornamental del género Phyla, de la familia de las verbenas comunes (Verbena officinalis) o la llamada 'banderita española' (Lantana camara).

Aspecto del césped florido en el ajardinamiento de la rotonda. 04.08.2017

Revisando en detalle la planta, todo indica que se trata de lo que se denominaba hasta hace pocos años Phyla filiformis, que se consideraba una forma intermedia, quizá de origen híbrido, entre las formas extremas ornamentales más usuales de este género Phyla nodiflora y P. Canescens; estudios recientes han demostrado que entre lo que se llamaba P. nodiflora, P. filiformis y P. canescens existe una gradación completa en sus zonas nativas, de modo que no pueden considerarse verdaderas especies distintas; actualmente se incluyen en una única que toma el nombre de la primera descrita de todas ellas, Phyla nodiflora.

Phyla filiformis -actualmente incluida en Phyla nodiflora var. minor- en la rotonda del mercado de Belalcácar, 04.08.2017. Abajo, macrofotografía de detalle de las mismas plantas, 23.08.2016.


Lo que se denominaba Phyla nodiflora constituye la genuina variedad nodiflora de la especie y tiene hojas brillantes de color verde intenso u obscuro, relativamente grandes (2-4 cm). En España se considera una planta exótica de origen tropical y subtropical -probablemente americana- y está presente asilvestrada en diversas provincias del litoral mediterráneo.

Phyla nodiflora var nodiflora en poblaciones asilvestradas en el Levante ibérico. Arriba, en El Saler (Valencia), 14.05.2012. Abajo, en Pego (Alicante), 18.05.2009. Las hojas de esta variedad tienen tonos más verdosos y brillantes.


Las plantas que se denominaban Phyla filiformis -esto es, la presente como cultivada de jardinería en Belalcázar- y P. canescens, se incluyen actualmente en P. nodiflora var. minor, recibiendo este nombre por el menor tamaño de sus hojas, que raramente superan los 2 cm. En ambos casos las hojas son mates e incluso con tonos cenicientos. Phyla filiformis fue descrita por primera vez a partir de ejemplares recolectados en la isla de Chipre, pero su origen es neotropical, es decir, de las zonas de clima tropical de América del Sur y Centroamérica.

Phyla filiformis (=P. nodiflora var. minor) asilvestrada en Larnaca (Chipre), cerca de la zona de donde se describió por primera vez. 16.04.2010. El aspecto ceniciento permite distinguir la planta con facilidad de las que se adscriben a la variedad nodiflora -antigua Phyla nodiflora en sentido estricto.

El crecimiento de estas plantas es prácticamente ilimitado, ya que enraízan continuamente en los nudos, renovando el vigor de los ejemplares. Dado que raramente pueden escapar de los lugares en los que se plantan, las matas de esta especie no tienen más remedio que crecer estableciendo capas sucesivas -al igual que hacen las gramas de muchos céspedes-, por lo que a menudo las capas más antiguas -más cercanas al suelo- van muriendo progresivamente; en muchos casos es necesario renovarlas pasados varios años, extrayendo las partes muertas y reimplantando esquejes de las nuevas, que pronto emiten nuevamente tallos horizontales enraizantes.

Hierbaluisa (Aloysia triphylla), especie de un género genéticamente próximo a Phyla. Valencia, 13.01.2012.

Como curiosidad, las especies del género Phyla se incluyeron hasta época reciente en el género Lippia, el mismo al que pertenece una planta bien conocida en Belalcázar por formar parte de la fórmula de su licor tradicional -el resol o resó-: la hierbaluisa, Lippia triphylla (=Aloysia triphylla, Lippia citriodora, A. citriodora). Las flores de ambas especies son en esencia muy similares, pero en la hierbaluisa son más alargadas, y en la inflorescencia las flores quedan completamente separadas entre sí, sin formar una cabezuela como en el género Phyla. A cambio, en el género Lantana las flores sí se disponen en cabezuelas más o menos densas, pero las plantas son normalmente arbustivas, como ocurre en la ya citada Lantana camara, de la que también hay ejemplares plantados en la rotonda del mercado belalcazareño, y cuyo uso en jardinería conviene reducir dado su carácter invasor; para ello es conveniente plantar solo variedades estériles, o bien evitar que produzca semillas, cortando las ramas florales una vez que se agostan las flores.

Lantana o banderita española (Lantana camara), otra verbenácea genéticamente cercana al género Phyla, frecuente como planta de jardinería pero de uso poco recomendable por su carácter de planta invasora de nuestros ecosistemas.

2017/07/23

Tiempo del cardo de cuajo

Yerba de cuajo (Cynara cardunculus subsp. flavescens) en flor. Guadalmez, 07.2009.

Junio, y sobre todo julio, son los meses de la yerbacuajo, yerba de cuajo o cardo de cuajo, como los llamamos por Belalcázar y tierras cercanas; su nombre científico es Cynara cardunculus subsp. flavescens. Algunos pastores la llaman 'yerbacuajo amarilla' por el tono dorado de sus espinas, lo que curiosamente coincide con el nombre en latín 'flavescens'. 

Aspecto de las hojas de la yerba de cuajo. Guadalmez, 07.2009.

Ya pusimos hace años alguna nota en el blog, pero recordaremos algo al respecto. El cuajo se preparaba a partir de las flores, muy similares a las del cardo de penca o 'cardo de comer' (C. cardunculus var. altilis) o la del alcancil o alcachofa (C. cardunculus var. scolymus) parientes muy próximos a la yerba de cuajo, pero de origen artificial, obtenidos por domesticación y cultivo; de hecho el uso de la verdadera yerba de cuajo, difícil de localizar por nuestra tierra, se fue sustituyendo por estas otras, que también se han utilizado para proveer cuajo vegetal a nivel industrial.

Aspecto de las hojas (arriba) e inflorescencia temprana (abajo) de la yerba de cuajo. Alcalá de Guadaíra, Sevilla, 05.2011.

La genuina yerba de cuajo es una planta extremadamente espinosa, tanto en las hojas como en los capítulos florales. Se considera que el cardo de penca se generó por domesticación de nuestra yerba de cuajo durante la época del dominio andalusí en el sur de la Península Ibérica y el Magreb, territorios que constituyen exactamente la zona de distribución natural de la subespecie flavescens; en ese proceso se seleccionaron progresivamente las plantas que carecían de espinas en las hojas, al tiempo que las pencas foliares se hacían más gruesas y carnosas.  

Inflorescencias -capítulos o cabezuelas florales- del cardo de penca, Cynara cardunculus var. altilis. Albal, Valencia, 06.2010.

Hojas del cardo de penca, similares a las de la alcachofa aunque a menudo con lóbulos más alargados y agudos, pero en ambos casos sin espinas, producto del proceso de domesticación logrado en ambas variedades. Catarroja, Valencia, 02.2010.

Un proceso similar se habría desarrollado siglos atrás en la Península Italiana con Cynara cardunculus subsp. cardunculus , muy parecida a la subsp. flavescens pero de flores preferentemente blancas y con otros pequeños detalles anatómicos diferenciadores, de cuya domesticación durante el Imperio Romano se obtuvo la alcachofa, seleccionando las plantas de capítulos fructíferos más carnosos y menos espinosos. Curiosamente, las flores de las alcachofas cultivadas son azuladas en vez de blancas, carácter más frecuente en las formas silvestres de la planta íbero-magrebí, la subsp. flavescensC. cardunculus subsp. cardunculus es una planta más rara, dominante en el Mediterráneo Central, y en el territorio español sólo parece darse regularmente en las Baleares y en el extremo noreste de la provincia de Alicante.

Cynara cardunculus subsp. cardunculus, la forma silvestre primitiva de la que se obtuvo por domesticación la alcancilera (C. cardunuclus var. scolymus). 

Más de un pastor zorruno recolectó por si acaso la flor de la yerbacuajo chica o de pobre, Cynara humilis. 'Humilis' significa pequeño en latín, y le viene como anillo al dedo a esta especie, por su talla menor, con tallos menos ramificados, aunque de hojas con divisiones espinosas muy rígidas. Suele florecer algo antes que sus parientes, aunque la época puede cambiar ligeramente dependiendo de la climatología del año.

 
Aspecto general de planta en flor de Cynara humilis (Alcalá de Guadaíra, Sevilla, 05.2011) y vista en detalle de la inflorescencia o 'alcancilillo' (Algeciras, Cádiz, 06.2016)

El proceso de fabricación del cuajo era complejo y pasaba por la maceración y filtrado de flores de la yerbacuajo, con  pequeñas diferencias entre las fórmulas que usaba cada pastor, desde quien sólo la dejaba decantar unas horas hasta quien empleaba en el proceso varios días con filtrados sucesivos. El cuajo de yerba era necesario siempre para hacer la torta, mientras para el queso se fueron importando los cuajos comerciales, que pueden ser de origen animal, a partir de compuestos del estómago de los rumiantes.

 
Aspecto de las hojas y alcancilillos verdes de Cynara humilis (arriba, El Viso, 04.2009; abajo, Belalcázar, 04.2007)


Los pastores que hacían la trashumancia, ya fueran del pueblo o los que pasaban por aquí, mencionaban a menudo que en el norte de la península se usaban también otras hierbas muy diferentes a las de aquí, en particular algunas lechetreznas (plantas del género Euphorbia), pero que no hacían quesos tan sabrosos.

2017/04/21

Jacintos y tulipanes silvestres

Estos días tenemos en flor el jacinto silvestre (Dipcadi serotinum), una especie que a menudo presenta ejemplares dispersos pero también puede aparecer en grupos. En castellano recibe a menudo nombres como jacinto leonado o jacinto bastardo. Aunque la forma de sus tallos y flores puede recordar algo a la de los jacintos cultivados, por supuesto es una planta bastante distinta, de talla menor y con flores no olorosas. Los jacintos cultivados corresponden a la especie Iacynthus orientalis, de la que en Belalcázar, además de la forma típica (subsp, orientalis) se conserva aún en cultivo una forma mucho más rara, probablemente importada del Mediterráneo Oriental en época antigua, y conocida como subsp. albulus.

 

Arriba, jacinto silvestre (Dipcadi serotinum). Abajo, jacintos ornamentales (Iacynthus orientalis), representados en Belalcázar por plantas cultivadas de la subespecie orientalis (izq.) y de la rara subsp. albulus (der.).

 

Algo parecido al jacinto ocurre con el tulipán, del que también tenemos una forma silvestre que hasta hace pocos días estaba en flor en algún rodal del monte Malagón de Belalcázar, y que se hace más abundante hacia el centro y parte oriental de Los Pedroches. Se trata de la especie Tulipa australis (=T. sylvestris subsp. australis) conocida como tulipán u ojo de perdiz, por la mezcla de colores rojos y amarillentos que exhibe. Suele crecer en grupos, a veces numerosos. Sus pariente cultivados son generalmente híbridos en los que como especie principal ha participado Tulipa gesneriana, de Asia centro-occidental y el extremo más oriental de Europa.

 

Arriba, flores del tulipán silvestre (Tulipa australis), nativo de Los Pedroches. Abajo, flores de tulipanes cultivados, formas e híbridos de la especie europea oriental-asiática Tulipa gesneriana.

 

Una primavera más seca de lo previsto

Las lluvias invernales pintaban bien en 2017, y todo anunciaba una esplendorosa primavera, pero ha pasado ya un tercio y apenas se ha visto el agua; y lo que es peor, he habido repuntes de temperaturas muy altas, casi estivales, que han acelerado la evapotranspiración, disminuyendo la ya escasa recarga del agua en los primeros centímetros de suelo. El resultado es bien simple: más que al inicio de la primavera, parece que en abril de 2017 estuviéramos ya en la segunda mitad de la estación.

Matorrales de abulaga (Genista hirsuta) por el paraje de las Vegas de Orea de Belalcázar, donde puede apreciarse el secado prematuro del pasto. 13.04.2017

Los pastos que por esta época suelen tener un color verde intenso están ya casi amarillentos, y en muchas especies herbáceas la floración se ha adelantado, pero a la vez los tallos alcanzan menor talla. Valga como ejemplo el de una de nuestras orquídeas más llamativas, la llamada Serapias lingua, que forma grupos dispersos en enclaves más o menos frescos -las aquí ilustradas son del monte Malagón. Lo habitual es que posean tallos esbeltos de unos 20-25 cm, pero este año apenas sobrepasan los 10 cm y las flores han nacido casi pegadas al suelo, como podréis apreciar en las fotos. Es fácil que muchas de estas plantas, si no llueve pronto en abundancia, apenas lleguen a fructificar.

 
Arriba: Aspecto de matas de la orquídea Serapias lingua en el monte Malagón en marzo de 2004. Abajo: Planta de la misma población natural en abril de 2017. 



2016/09/06

El alficoz, otro cultivo antiguo recuperable

El alficoz es una verdura cuyo aspecto y sabor recuerdan al pepino (Cucumis sativus), pero que realmente es una variedad de melón (Cucumis melo var. flexuosus). Para algunos especialistas merece ser una especie diferente, Cucumis flexuosus. El nombre 'flexuosus' hace referencia a la forma alargada y a menudo curvada o serpenteante de los frutos; de hecho, en lengua inglesa se le conoce como 'snake melon' o sea, 'melón serpiente'.

Raza antigua de alficoz (Cucumis melo var. flexuosus)

El cultivo del alficoz es muy antiguo, y se piensa que al menos estuvo ya en la Península Ibérica en época andalusí. La producción de esta verdura nunca llegó a niveles industriales, en parte debido a la dificultad para conseguir razas que tuvieran pocas semillas -en favor en tal caso de la 'carne' del fruto- y se fue abandonando progresivamente desde mediados del siglo XX. En la actualidad es casi testimonial en el interior español, aunque aún se mantiene aisladamente y permite ver frutos en los mercados en algunas zonas cercanas a la costa.

Alficoz cultivado en La Fragua de Belalcázar.

El equipo de La Fragua (http://lafragua.eu/) desarrolla hace tiempo un proyecto de progresiva integración artística y recuperación del uso del patio-huerto de la Columna en el Monasterio de Santa Clara de Belalcázar, donde han conseguido cultivar numerosas especies agrícolas, de diversos orígenes geográficos. Entre otras, han podido cultivar con éxito una variedad oriental de alficoz, proveniente de Armenia, de mayor tamaño y grosor. Es un excelente primer paso para recuperar -si se consiguen en el futuro semillas de nuestras antiguas razas- las variedades locales ya perdidas de esta planta. 

2016/08/24

Recuerdo para la figura de Fray Juan de la Puebla


No hace mucho se instaló junto a la puerta principal del Convento de Santa Clara una placa de azulejos cerámicos que recuerda que en ese monasterio se conservan los restos mortales de Fray Juan de la Puebla (1453-1495), hijo de Alonso de Sotomayor -I Conde de Belalcázar- y Elvira de Zúñiga. Nacido en Puebla de Alcocer, fue titular del condado -como Gutierre II entre 1464 y 1474-, renunciando a tal título para desarrollar su vocación religiosa, y cambiando su nombre por el de Juan de la Puebla. Llegó a ser uno de los religiosos más conocidos y prestigiosos de su época, siendo especialmente admirado por Isabel la Católica.  Tenéis algunas referencias a su biografía y a los actos organizados para recordar su vida y enseñanzas, en diversas páginas web como:
http://encina.pntic.mec.es/~tchc0000/puebladealcocer/frayjuan.html
http://frayjuandelapuebla.blogspot.com.es/
http://www.turismopuebladealcocer.com/mas-personajes-ilustres/
https://cordobapedia.wikanda.es/wiki/Fray_Juan_de_la_Puebla

Además en la página web del Convento de las Clarisas de Belalcázar, tenéis una amplia referencia a los actos que se organizaron con antelación, en 2015, en coincidencia con el hermanamiento entre nuestra localidad y la de Puebla de Alcocer.
http://clarisasbelalcazar.blogspot.com.es/2015/02/fray-juan-de-la-puebla.html

2016/08/23

Sobre las escobas de algarabía

Imagen de escoba de algarabía, pasada por Claudio Rodríguez y subida al blog en noviembre de 2011.

Hace algunos años apuntábamos en el blog a la algarabía pegajosa (Odontites viscosa) como probable especie con cuyas ramas se preparaban las escobas de algarabía, usadas hasta hace pocas décadas en muchas zonas de los valles de Alcudia y Los Pedroches. Se trataba de escobas finas para barrer determinadas partes de las casas, al igual que se utilizaron entre otras las matas de lijonjera (Chrondrilla juncea), de matarrabias (Pulicaria paludosa = P. arabica subsp. hispanica) o de tamujo (Flueggea tinctoria).


Recientemente, en una visita a los montes y campos de Villanueva del Duque, guiados por David Gómez -¡padre e hijo!-, pudimos comprobar que la especie que realmente se usaba para la fabricación de escobas es una planta parecida a la anterior pero diferente, Odontitella virgata. Amablemente nos enseñaron las matas de la genuina algarabía de escobas, relatándonos cómo se recolectaban y preparaban las escobas, que en ocasiones se fabricaban con mangos para facilitar su uso.

Claudio Rodríguez recolectando la algarabía (Odontitella virgata) en Villanueva del Duque.

A diferencia de O. viscosa -que de todos modos sí que parece usarse con fines similares en otras zonas de España-, la Odontitella no es pegajosa al tacto, y sus inflorescencias son más esbeltas y apretadas. De hecho, revisando la imagen que poníamos en el blog en 2009, la forma de las espigas florales en las que acaban las ramas corresponden claramente a Odontitella virgata.

Inflorescencia de Odontitella virgata.

2016/08/22

La vida en el agua


En estas semanas veraniegas de 2016, la gran alberca de la fuente de El Pilar de Belalcázar ha mostrado una ebullición de poblaciones de pequeños animales casi microscópicos, incluyendo diversas formas de 'pulgas de agua' y otros invertebrados que viven en las madejas de algas filamentosas -las que popularmente denominamos 'ova'-, tan abundantes en este depósito histórico de agua. La abundancia de este tipo de invertebrados asegura la supervivencia de especies de mayor tamaño que se alimentan de ellas, incluyendo las larvas de diversos insectos, las formas omnívoras de 'curianas' o escarabajos acuáticos, o los populares renacuajos -larvas de ranas y sapillos; se inicia así una cadena alimenticia que lleva, entre otras, a los adultos de esos mismos anfibios, a las golondrinas, murciélagos, etc.  que a su vez son una de las mejores garantías para el control biológico de mosquitos, moscas u otras especies molestas. 

 

Olmos belalcazareños resistentes a la grafiosis

 
Ejemplares de olmo común o nativo (Ulmus minor) afectados por grafiosis, fotografiados en 2007 por el arroyo de Consolación (Belalcázar).

En varias ocasiones hemos tratado en el blog el tema de la enfermedad de la grafiosis, que afecta a los olmos autóctonos, de la especie Ulmus minor. La grafiosis se produce por un hongo que tabica los vasos conductores de las partes aéreas -troncos y ramas- de 2 o más años, de modo que no mata a la planta, pero la transforma en un arbusto o arbolillo que rebrota continuamente, al tiempo que se van muriendo sus ramillas más altas cuando cumplen los 2 años de edad, raramente 3 o más.

Rama de olmo común (U. minor), con hojas de contorno redondeado.

Quienes acostumbren a pasear por los diversos parajes de Belalcázar y otros pueblos próximos habrán notado sin embargo que algunos olmos conservan sus hojas y porte arbóreo. En la mayoría de casos ocurre porque esas plantas no corresponden al olmo autóctono Ulmus minor sino al olmo de Siberia (Ulmus pumila) o a su híbrido con el autóctono (Ulmus minor x pumila), que se caracteriza por tener las hojas alargadas y a menudo más pequeñas.

Hojas de ejemplares belalcazareños de olmo de Siberia (Ulmus pumila), a la izquierda, y de olmo híbrido (Ulmus minor x pumila), a la derecha.


Hojas jóvenes de Ulmus pumila, a la derecha, con los lóbulos simétricos en la base -las dos mitades del limbo o lámina de la hoja son similares-, y del híbrido Ulmus minor x pumila, a la izquierda, con lóbulos asimétricos -una mitad de la hoja es mayor que la otra. 

Estas dos plantas alóctonas son resistentes a la grafiosis, y la híbrida, además de por plantaciones específicas, ha aparecido a menudo de modo espontáneo allá donde convergían sus especies parentales. Se implantaron con frecuencia en bordes de carreteras en la segunda mitad del siglo anterior, dada su rusticidad, y posteriormente se ha extendido su uso como plantas ornamentales a fin de suplir la pérdida de centenares de miles de olmos nativos afectados por la enfermedad fúngica.

Ramas de olmo de Siberia, que a menudo muestran porte algo péndulo en las plantas adultas.

Ejemplar asilvestrado juvenil de olmo de Siberia en Belalcázar.

Sin embargo, en ocasiones se observan ejemplares arbóreos aislados de olmos que por su aspecto corresponden más a los nativos, con la hoja más redondeada, ásperas al tacto y con los lóbulos de la base asimétricos, y que parecen salvarse o resistir mejor el ataque de la grafiosis. Los ejemplares que sobreviven a la enfermedad tienen algunos caracteres especiales, ya que corresponden a descendientes de una variedad cultivada desde la época Romana, que se distribuyó por Europa para servir de tutor para las vides -que entonces no se cultivaban como ahora, sino a menudo emparradas sobre árboles de fustes rectos y altos-; a lo largo de los siglos posteriores, estas formas de olmo nativo se han hibridado con los propios del terreno, que tenían las hojas menores.

Hojas jóvenes (arriba) y adultas (abajo) de Ulmus minor var. 'Atinia' (=U. procera). Las hojas jóvenes pueden recordar a las de otra especie nativa ibérica, Ulmus laevis, pero son más ásperas, menores y menos asimétricas que las de aquella otra especie.


Esta variedad cultivada o cultivariedad -abreviado 'cv.'- es la cv. 'Atinia', y hasta época reciente se consideró como una especie diferente (Ulmus procera, el llamado 'Olmo inglés'). Dado que existen todas las formas transitorias, se prefiere denominar 'Atinia' tanto a las plantas del clon romano original como a sus híbridos con las silvestres ibéricas de U. minor. Las hojas de esta cultivariedad y sus descendientes son bastante grandes. Otro carácter que lo distingue es que los tallos jóvenes pueden presentar costillas gruesas de corcho, razón por la que en algunas zonas de España se denomina a la planta 'Olmo corchero'.

Ramas con costillas o alas suberosas -esto es, con corcho- de las formas juveniles de U. minor cv. 'Atinia'.

Podéis encontrar información detallada sobre el clon 'Atinia' en la Wikipedia, pero solo en la versión en inglés. En la versión en castellano, aún no actualizada, aún se la considera como especie independiente bajo el nombre Ulmus procera. Sorprendentemente las formas puras del clon introducidas en Gran Bretaña, donde no se hibridaron, son susceptibles al ataque de la grafiosis, y la enfermedad mató en pocos años más de 3 millones de árboles en aquel país, incluyendo a muchos de los ejemplares monumentales más notables, que superaban los 40 m de altura. A cambio, bajo las condiciones climáticas de la Península Ibérica el mismo clon es aparentemente más resistente, y probablemente las formas rehibridadas con olmos nativos ibericos podrían tienen aún más capacidad para soportar el embate de la enfermedad.

Como ejemplo de este tipo de olmo podéis encontrar un ejemplar en el arroyo Caganchas junto al puente que va desde El Pilar hasta el actual albergue municipal -antiguo matadero- y el castillo de los Sotomayor. Casualmente este árbol sirve de soporte para una mata de vid europea que ha crecido emparrándose sobre sus ramas, tal y como se hacía cuando el clon fue introducido por los romanos hace ya casi dos milenios.

Ejemplar de Ulmus minor cv. 'Atinia' citado en el texto, junto al puente del arroyo Caganchas de Belalcázar.


Para ampliar información sobre los olmos podéis consultar la página web 'Árboles ibéricos', elaborada por expertos de las universidades Autónoma y Politécnica de Madrid: 

Y para quienes tengáis interés por la recuperación de los bosques ibéricos de olmos, es recomendable la consulta a la página web del proyecto 'LIFE+ Olmos Vivos': http://www.olmosvivos.es/