2019/02/15

La fructificación del bonetero

Como ya hemos indicado en algunas entradas anteriores del blog, el bonetero de jardín, correspondiente a la especie botánica Euonymus japonicus, es una de las plantas ornamentales que pueden verse en los jardines belalcazareños. Aunque la especie es frecuente como planta ornamental de exterior por toda España, lo que no resulta tan fácil de ver son ejemplares en fructificación, quizá el momento en que posee la planta mayor atractivo visual debido al contraste de color de sus hojas con el de los frutos, de cubierta rojiza y semillas con una capa externa carnosa de color anaranjado intenso.




Ejemplar de bonetero en fruto, en el paseo Corpus Barga de Belalcázar, 01.2019.

Para que el bonetero fructifique, primero debe haberse dado la fecundación de las flores, y en lo posible que éstas sean fecundadas por el polen de una planta diferente. Esto resulta aparentemente fácil, pero muchas veces esta especie se ha propagado artificialmente mediante esquejes, por lo que no es raro que cuando se plantan en jardines, muchas plantas provengan realmente de un sólo individuo; por tanto, aunque dos ejemplares plantados cercanos parezcan diferentes, en el fondo pueden ser genéticamente la misma planta, con el riesgo de que no se dé una verdadera polinización cruzada, y por tanto la producción de frutos sea nula o muy inferior a la esperable. Las flores no son particularmente atractivas, y no suelen atraer a los polinizadores más habituales como abejas o mariposas. A cambio, es fácil ver sobre sus flores hormigas, que probablemente interfieren favorablemente en la polinización.

Fructificación del bonetero en Belalcázar. 12.2018.

El bonetero raramente florece en climas cálidos, necesitando a menudo de un cierto grado de continentalidad, algo que en Belalcázar y poblaciones cercanas forma parte de las características intrínsecas del clima local.


2019/02/12

Las grullas, elemento inconfundible de nuestros inviernos

Grullas en las dehesas de Hinojosa del Duque, en enero de 2019.


La grulla común o europea (Grus grus) es una de las señas de identidad por excelencia de los paisajes invernales pedrocheños, siendo más fáciles de observar en el seno de dehesas viejas, con grandes claros entre los pies de encina. A diferencia de la cigüeña común, que está  con nosotros entre febrero-marzo y septiembre-octubre, migrando hacia África para pasar allí parte del otoño y el invierno, para las grullas esos terrenos cálidos en los que pasar los meses más fríos son las zonas esteparias y semiboscosas del centro de la península ibérica; en los meses cálidos del año, desde la primavera a principios del otoño, viven en el Norte de Europa. Dice el refrán aragonés que ‘Para El Pilar llegan, y para San José no quedan’

Grullas buscando alimento al pie de viejas encinas. Hinojosa del Duque, 01.2019.

Las grullas se reconocen fácilmente en vuelo por el sonido o trompeteo que emiten, y porque aparecen a menudo ordenadas formando escuadras, con aspecto de punta de flecha.  Estos grupos se hacen por supuesto mucho más espectaculares en el momento de la migración. Las grullas son omnívoras y poseen una dieta muy amplia de vegetales, invertebrados y pequeños vertebrados; en las dehesas de encina comen también bellotas, uno de sus principales alimentos durante la invernada. Suelen desplazarse por ello cada día a las dehesas desde los dormideros, que suelen ser zonas ribereñas en ríos y humedales.

2019/02/10

Las cigüeñas verás ... ¿por San Blás?


Cigüeñas en los puntos más elevados de las ruínas de la Casa Grande de Belalcázar, diciembre 2018.

Conforme al santoral católico, San Blas se celebra cada año el 3 de febrero -hace apenas una semana-, fecha en la que, según la tradición, suelen volver las cigüeñas comunes o blancas (Ciconia ciconia) desde sus cuarteles de invierno en el continente africano. Este invierno, sin embargo, la mayoría de cigüeñas belalcazareñas estaban ya en sus nidos en pleno mes de diciembre y enero.


Cigüeña en su nido coronando el tejado de la antigua fábrica de harinas de Belalcázar. Enero 2019.

Parece que algunas se quedaron todo el tiempo, y otras aparentemente migraron pero volviendo pronto, sin esperar a finales de enero o principios de febrero. Estos cambios en las costumbres de las cigüeñas pueden deberse en parte a la modificación de los ciclos estacionales, dentro del contexto de lo que llamamos cambio climático. No obstante, según algunos expertos, la tenencia de alimentos suficientes durante el invierno, de los que antes no disponían pero ahora suelen encontrar en vertederos de residuos sólidos urbanos, parece facilitar también que se queden con nosotros cada vez más tiempo, olvidándose de migrar.

2019/02/09

La niebla


Uno de los elementos más característicos del clima belalcazareño es la densa niebla con que suele aparecer el municipio durante muchos días, ya desde mediados del otoño, y hasta entrada la primavera. La niebla se suele formar a lo largo de la noche, y en los días invernales raramente desaparece antes de media mañana.

 
Niebla en la plaza de la Constitución de Belalcázar. 11.2018

La niebla, junto a la escarcha o el rocío, forma parte de lo que llamamos ‘precipitaciones horizontales’, esto es, aquellas en la que el agua no cae de la atmósfera en vertical desde las nubes, como ocurre con la lluvia. Su efecto está aún poco estudiado en España, pero en los trabajos de investigación desarrollados hasta ahora, todo indica que su contribución a la suma anual de agua que llega hasta las plantas y el suelo puede ser muy importante, e incluso superar a la que se recoge anualmente en forma de lluvia.

Niebla en dehesas. 12.2018

Además de lo anterior, las nieblas dan lugar a paisajes peculiares a los que, quizá acostumbrados cada invierno, no damos importancia, pero que llegan a tener un alto valor estético, particularmente en el entorno de las dehesas de encina que dominan buena parte del Valle de los Pedroches.

2019/01/19

El lirio de invierno


Además del lirio común o cultivado (Iris germanica), en Belalcázar y otras localidades próximas* habitan al menos dos formas de lirios silvestres de flores azuladas –o mejor dicho, desde blancuzcas a violáceas, usualmente con tonos amarillos en parte de los tépalos. Uno, bien conocido y abundante, es el lirio enano o ‘patita de burro’, Gynandriris sisyrinchium (=Iris sisyrinchium), que puede encontrarse en flor durante la primavera, y que raramente alcanza los 10 cm de talla, del que ya hemos hablado alguna vez y al que dedicaremos también futuras entradas del blog.

Lirio de invierno, en las inmediaciones del monte Malagón de Belalcázar, enero 2019.

Otro, menos conocido aunque no excesivamente raro, es el lirio de invierno, cuyo nombre científico es Juno planifolia (=Iris planifolia). Esta planta crece formando colonias, a veces densas, abundando particularmente en el entorno de las caleras, sitios donde afloran las calizas cámbricas o precámbricas que se usaban hasta hace pocas décadas para fabricar la cal utilizada más tarde en la construcción.

 
Grupo de ejemplares de Juno planifolia, en la misma zona del resto de fotos de esta entrada. Belalcázar, enero de 2019.

Este lirio empieza a florecer hacia diciembre si el invierno no es demasiado crudo, o ya entre enero y febrero en los años más fríos. Forma parte de pastizales o claros en los abulagares y retamares, donde puede alcanzar gran densidad. Sus hojas recuerdan algo a las de la ceborrancha (Urginea maritima), con la que a menudo convive, pero son más acanaladas, plegadas por el nervio central, y con u fuerte contraste entre el haz, de color verde oscuro, y el envés, con tono más azulado o ceniciento. Las flores son relativamente grandes, y a pesar de su atractivo aspecto apenas si huelen, aunque atraen con facilidad a abejas u otros polinizadores.

Aspecto de otro ejemplar en flor de lirio de invierno. Belalcázar, diciembre 2019

*NOTA: Además de estas especies, están citadas en zonas cercanas de Los Pedroches el lirio amarillo o de río (Limniris pseudacorus = Iris pseudacorus), de floración primaveral tardía y estival, y el lirio azul de bulbo (Xiphion vulgare = Iris xiphium), que florece entre el centro y final de la primavera.

2018/12/21

Bulbosas otoñales (7): La centella de otoño

Cerramos este capítulo del blog sobre las bulbosas de otoño el mismo día en que acaba esta estación del año y empieza el invierno, y lo hacemos con otra de las especies más llamativas de nuestros campos y montes, la centella de otoño. 

Ejemplares de centella de otoño (Ranuculus bullatus) en los malagones entre El Brillante y Zarzalejo, en Belalcázar. 11.2018.

Suelen llamarse localmente centellas a las plantas de pétalos muy lustrosos, que brillan como espejuelos cuando el sol incide directamente sobre ellos. Entre estas especies, las más conocidas en Belalcázar son las del género Ranunculus -de la familia de la de las Ranunculáceas (Ranunculaceae)-, conocidos más a menudo en la literatura naturalista española como botones de oro. La mayoría de las especies locales de este género son primaverales, y además tiene sus hojas con formas alargadas o triangulares, usualmente divididas, pero existe una clara excepción conjunta a estas dos reglas, protagonizada por la centella de otoño (Ranunculus bullatus).


Planta de R. bullatus empezando a florecer. Belalcázar, 11.2018.

Ranunculus bullatus es una especie rizomatosa y perenne -aunque agostante en la estación seca-, con hojas ovaladas cortas que crecen pegadas totalmente al suelo. Los tallos se elevan pocos centímetros por encima de la roseta de hojas y en su extremo portan una sola flor, de color amarillo intenso, con el haz de los pétalos muy lustroso. Es una especie muy gregaria, que a menudo ocupa grades extensiones continuas en los pastizales, sobre todo cerca de arroyos o en los sitios que son pastoreados con más regularidad.

Centella de otoño en plena floración. Cada flor corresponde a un ejemplar. Belalcázar, 11.2018.

Aunque la hayamos incluidos en este apartado de plantas bulbosas, las centellas de otoño carecen de verdaderos bulbos. En verano permanecen vivas bajo el suelo, sin hojas, gracias a sus raíces tuberosas engrosadas. Como otras plantas indicadas en apartados anteriores de estas flores de otoño, es rica en sustancias tóxicas por consumo, lo que hace que suelan ser evitadas por el ganado y la mayoría de la fauna silvestre, facilitando su dominancia en los paisajes de los pastizales belalcazareños en otoño.

Aspecto de las plantas de Ranunculus bullatus cuando carecen de flores, fotografiadas en primavera. Belalcázar, 04.2010.

2018/12/20

Bulbosas otoñales (6): La campanilla de otoño



 
Campanilla de otoño (Acis autumnalis) en los prados cercanos al río Guadamatilla en Belalcázar (izquierda, 11.2018)  y en El Acebrón, Parque Nacional de Doñana, Huelva (derecha, 09.2014). 

La palabra ‘autumnal’ es equivalente a ‘otoñal’, y deriva directamente del latín autumnale / autumnalis, epíteto que llevan en su nombre científico muchas especies de las que florecen en otoño. Es el caso precisamente de la grácil campanilla de otoño, Acis autumnalis (=Leucojum autumnale) una planta que apenas se eleva 5-10 cm sobre el suelo y suele portar 1 o 2 flores acampanadas blancas y colgantes, al final de tallos finos de color verde, rojizos en su extremo.

Flor de campanilla de otoño. Belalcázar, 11.2018.

Cada flor puede durar varios días, y las plantas aparecen en grupos a veces numerosos, pero al tener tallos tan gráciles no destacan tanto en el paisaje como otras bulbosas otoñales. Pertenece a la familia de las Amarilidáceas –Amaryllidaceae-, la misma a la que corresponden los narcisos o junquillos, de los que sin embargo se separa bastante por la forma de sus flores, que además no son aromáticas.

Grupo de campanillas de otoño en el Parque Nacional de Doñana, Huelva. 09.2014. 

En el campo es difícil ver esta planta aislada, casi siempre crece acompañando a otras especies similares más abundantes, como Narcissus serotinus o Scilla autumnalis, siendo como aquéllas algo exigente en humedad, por lo que abunda más cerca de los arroyos, aunque huyendo de la competencia de plantas más grandes o agresivas como juncos y cañas.

2018/12/19

Bulbosas otoñales (5): La merendera o quitameriendas



Ejemplar en flor de Merendera filifolia. Los excrementos de oveja situados junto a la planta permiten estimar el tamaño de la flor. Hinojosa del Duque, 11.2018.

La planta conocida a menudo en otras partes de España como merendera o quitameriendas, que en Belalcázar corresponde a  Merendera filifolia, no parece recibir aquí un nombre concreto -a lo sumo 'azafranillo'-, probablemente por confusión con el azafrán de otoño. Se trata de una especie de aspecto parecido al citado azafrán (Crocus salzmannii), pero se diferencia bien por varios caracteres.

Aspecto de otro ejemplar, en las inmediaciones de la casa del Hato, Hinojosa del Duque, hacia el límite de término con Belalcázar. 11.2018.

Mientras el azafrán silvestre crece dentro de matorrales o en el sotobosque forestal, nuestra Merendera lo hace sobre todo en prados y pastos pastoreados. El primero tiene la flor totalmente exerta, es decir, sobresale completa por encima del suelo, mientras la merendera tiene parte de sus tépalos parcialmente enterrados, y de hecho hace luego su fruto a ras del suelo. Igualmente los tépalos de la merendera son menores, más estrechos, muy alargados, y con un color rosado muy intenso, frente a los de tono más violáceo y aspecto más ovalado de los azafranes de monte.

Planta de Cochicum triphyllum, especie próxima a M. filifolia pero no presente en Belalcázar; la imagen se muestra para apreciar a qué altura de la planta se suelen situar los frutos en los géneros Colchicum y Merendera. La parte de las hojas que emerge sobre el suelo es la que posee color verde, de modo que las cápsulas con las semillas se encuentran a ras del suelo. Alpuente, Valencia, 05.2016.

Ambas especies pertenecen a familias diferentes. Los azafranes pertenecen a las Iridáceas (Iridaceae), la misma de los gladiolos o los genuinos lirios. A cambio las merenderas forman parte de la Colquicáceas (Colchicaceae), donde coinciden con las especies del género Colchicum. Las Merendera, y particularmente los Colchicum, son muy conocidos en los estudios biológicos porque producen la colchicina, una sustancia especialmente tóxica que se usa experimentalmente para producir mutaciones celulares en laboratorio. La fauna silvestre, e igualmente el ganado, evitan siempre consumir estas plantas, por lo que es fácil verlas destacando durante su floración en las zonas pastoreadas, donde resaltan por el color rosado intenso de sus flores a ras del suelo.

2018/12/18

Bulbosas otoñales (4): El azafrán silvestre


 
Azafrán silvestre o de monte (Crocus salzmannii), en el monte Malagón de Belalcázar (izquierda, 11.2018) y en el Carrascar de la Font Roja, Alcoi, Alicante (derecha; 10.2005).

El azafrán silvestre de otoño es la especie Crocus salzmannii (=C. serotinus subsp. salzmannii), relativamente frecuente en Los Pedroches y abundante en Belalcázar en algunas partidas como el monte Malagón. Como su nombre popular indica es un pariente próximo del azafrán cultivado (Crocus sativus), aunque a diferencia de aquel, sus estigmas no producen apenas un aroma marcado si se separan de la planta y se tuestan ligeramente, por lo que carece de interés comercial. A cambio, es una de las plantas con flores más llamativas de cuantas florecen en el otoño, debido precisamente al fuerte contraste entre los estigmas y anteras, de color amarillento a anaranjado-rojizo, y el de los tépalos, violáceos o más raramente blanco-rosados. El bulbo, muy pequeño y a menudo situado a bastante profundidad, posee una túnica papirácea –con tacto de papel- de color castaño oscuro o casi negro.

Flor del azafrán silvestre (Banyeres de Mariola, Alicante, 20.2016)

C. salzmannii crece indiferentemente en suelos derivados de rocas ácidas –pizarras, cuarcitas, granitos, etc.- o básicas –calizas, dolomías, etc.- pero es más abundante en estas últimas.

Azafranes silvestres en plena floración en Alcoi, Alicante, 10.1996

A pesar de la belleza de sus flores, esta especie no ha sido cultivada a nivel comercial, en parte probablemente por la escasa división natural de sus bulbos, lo que haría lenta y costosa su reproducción en medios artificiales. La planta de hecho no suele formar macollas –señal de esa división vegetativa de los bulbos- sino que aparece a modo de individuos aislados, que se habrían generado mayoritariamente a partir de semillas.  

2018/12/17

Bulbosas otoñales (3): El junquillo de otoño

Narciso de otoño (Narcissus serotinus). Belalcázar, 11.2018.

Una de las especies otoñales más llamativas de los campos belalcazareños es sin duda el junquillo de otoño, Narcissus serotinus. A diferencia de la mayoría de narcisos, que florecen en el invierno –por ejemplo el junquillo de olor o de huerta, N. tazetta- o en primavera –p. ej., el junquillo común de río, N. jonquilla-, N. serotinus lo hace en el primer tercio del otoño, llegando a teñir de blanco grandes rodales allá donde aparece, sobre todo en posíos y prados no demasiado secos.

Grupo de narcisos de otoño, Belalcázar, 11.2018

La flor del junquillo de otoño es parecida a la del junquillo de olor, pero sus tépalos son más estrechos y pequeños, y la corona que ocupa el centro de la flor es muy pequeña y apenas sobresale, presentando un color amarillo débil. Posee un aroma poco perceptible aunque agradable.

    
Floración de Narcissus serotinus en Belalcázar, 11.2018. En el centro, cápsula con semillas (plantas cultivadas en Quart de Poblet, Valencia, 12.2014).

Como la mayoría de géneros de la familia de las Amarilidáceas –en latín Amaryllidaceae-, los narcisos son ricos en alcaloides y por tanto tóxicos si se consumen; de hecho el ganado suele respetar instintivamente sus flores, lo que ayuda a que perviva su floración durante varios días en los mismos sitios. La especie puede cultivarse, aunque en horticultura se ha utilizado poco, dado el pequeño tamaño de sus matas. 

La especie Narcissus serotinus tiene una amplia distribución alrededor del Mediterráneo y es probable que las formas que se dan en su zona oriental correspondan a otras variedades y subespecies, aún en estudio. Curiosamente, en aquel otro extremo del Mare Nostrum convive con las mismas especies que en Belalcázar, como podréis ver en la foto inferior, tomada en la isla de Elafonissi, en el extremo sudoccidental de la isla de Creta (Grecia).


Narcissus serotinus, con las flores aún cerradas, conviviendo con el jacinto de otoño (Scilla autumnalis, en flor) y la ceborrancha (Urginea maritima, emitiendo las primera hojas) en Elafonissi, Creta, 11.2005.

2018/12/16

Bulbosas otoñales (2): El jacinto de otoño

Suele llamarse jacintos de otoño a las especies del género Scilla, que en Belalcázar están representados por la especie Scilla autumnalis. Se trata de un pariente cercano de la ceborrancha (Urginea maritima), aunque de tamaño muy inferior, y con  flores violáceas, poco numerosas. Como la ceborrancha, a menudo emite los tallos florales antes que las hojas.

    
Jacintos de otoño (Scilla autmnalis) en Belalcázar. 11.2018.

El nombre Scilla era el que poseía antiguamente la ceborrancha, que de hecho fue descrita inicialmente por Linneo en 1753 como Scilla maritima, independizándose luego su género y combinándose en su nombre actual, Urginea maritima. Scilla es también es la traslación al latín del nombre de la ninfa de la mitología griega que conocemos como Escila, convertida en monstruo marino que guardaba uno de los estrechos del Mediterráneo, al lado opuesto de Caribdis; en uno de los pasajes de la Odisea, Ulises debía elegir entre acercar su barco al paso de ese estrecho cerca de Escila, que sólo devoraría a 6 de sus hombres con cada uno de sus brazos, o Caribdis, que probablemente mataría a toda la tripulación. Escila acabó convertida en una gran roca, aquella donde se asienta la actual ciudad de Scilla en Calabria (Italia). Igualmente, se considera que el nombre de este ser mitológico dio lugar al de la actual isla de Sicilia.

  
Flores de Scilla autumnalis (Quatretonda, Valencia, 09.2003) y hojas, que se emiten una vez que ya está la planta en fructificación (Pego, Alicante, 10.2016)

El género Scilla incluye alguna especie más de flor otoñal -como S. obtusifoliano presente en Belalcázar- pero mayoritariamente se trata de plantas de floración primaveral.  Las especies otoñales tienen otros caracteres que las separan de las primaverales, por lo que algunos autores prefieren separarlas en el género Prospero, donde la planta belalcazareña se denomina Prospero autumnalis.

2018/12/15

Bulbosas otoñales (1): La ceborrancha

Esta es sin duda una de las especies bulbosas más conocidas y abundantes en Belalcázar, y zonas próximas. Curiosamente su nombre científico es Urginea maritima, lo que extrañará por situarnos a varios cientos de kilómetros de la orilla marina más cercana; sin embargo, en la mayoría de su área de distribución, dando la vuelta al Mediterráneo, es una especie que se aleja pocos kilómetros del mar.

 
Flores de la ceborrancha. Valencia, 09.2015 y Pedreguer, Alicante, 09.2018.

La ceborrancha florece desde agosto hasta septiembre e incluso octubre, emitiendo una vara que supera a menudo 1 m. de altura y que puede contener hasta 300 flores blancas, con los 6 tépalos dispuestos a modo de estrella. Como ocurre con muchas bulbosas, suele emitir las flores antes que las hojas, que aparecen ya a partir de mediados o finales del otoño.

 
Brote floral (Parque Nacional de Doñana, Huelva, 09.2014) y vara fructificada (Hinojosa del Duque, 11.2018).

Es una especie tóxica si se consume, y la savia de sus hojas puede producir reacciones alérgicas en la piel a personas sensibles a esta especie. La gente mayor en Belalcázar recuerda a menudo que, durante los años de grandes hambrunas que sucedieron a la guerra civil española, a principios de la década de 1940, algunas personas fallecieron al consumir cocidos sus bulbos, pensando que eran comestibles como los de las cebollas. Los bulbos de las ceborranchas son los más grandes de todas las plantas bulbosas de la Península Ibérica, pudiendo llegar a pesar hasta 2 km.  Estos mismos bulbos, torrefactados y convertidos en cenizas, se usaban antiguamente como matarratas.

Bulbo de la ceborrancha. Dehesa de la Albufera, Valencia, 11.2015.

La ceborrancha puede cultivarse fácilmente en macetas, pero la floración de cada mata es muy efímera, durando pocos días. En Belalcázar es fácil ver sus hojas comidas por larvas de mariposas, que cumulan en su cuerpo los tóxicos de la planta, lo que previene a las aves para no consumirlas.

Ceborrancha con hojas, en su aspecto primaveral. Belalcázar, 04.2004.

2018/12/14

Flores de las bulbosas otoñales nativas de Belalcázar


 
Campanilla de otoño (Acis autumnalis  = Leucojum autumnale; Belalcázar, 11.2018) y azafrán de monte (Crocus salzmannii; Cazorla, Jaén, 10.2012)

Se acaba ya el otoño, y con él desaparecen definitivamente las flores de algunas especies, que prefieren esta época para ofrecerlas a los insectos polinizadores. En diversas entregas del blog iremos incluyendo en los próximos días algunas de estas especies, con comentarios breves y algunas fotografías.

 
Junquillo de otoño (Narcissus serotinus), cerca del río Guadamatilla en Belalcázar, 11.2018.

Estas especies pueden pasar desapercibidas en algunos casos si aparecen aisladas, pero normalmente crecen de modo gregario, formando colonias que donde la mayoría de plantas florecen de modo simultáneo, dando lugar a alfombras de colores bien visibles en la distancia. Como avance de los datos que se pasarán en las próximas entradas del blog, podéis ver el caso del narciso de otoño (Narcissus serotinus), que ha formado tapices relativamente extensos por el monte Malagón, inmediaciones del Guadamatilla, etc.

Ceborrancha (Urginea maritima); arriba, en su aspecto primaveral, cuando tiene hojas pero no flores. Belalcázar, 04.2009. Abajo, extremo de la rama floral,  de plantas cultivadas (Valencia, 09.2015).


Muchas bulbosas, tanto de otoño como de floración primaveral, se consideran plantas parcialmente pirófitas, cuyas semillas germinan con más facilidad tras el paso del fuego, que además activa notablemente el crecimiento y floración de los ejemplares que ya estaban en ese sitio, al facilitarles un aporte de cenizas muy ricas en minerales como el fósforo, que raramente alcanza concentraciones naturales tan elevadas como las que se dan tras el paso del fuego. En los sitios que han sufrido repetidos incendios y a su vez han sido pastoreados, abundan especialmente las ceborranchas (Urginea maritima), plantas que el ganado respeta por su toxicidad.

 
Esparraguera común o triguera (Asparagus acutifolius) en flor, 08.2011 y 08.2013.

Aunque hablaremos de las bulbosas, excluiremos a plantas como las esparragueras, zarzaparrillas, ruscos, etc., que posean órganos subterráneos, pero que poseen siempre tallos verdes sobre el suelo a lo largo del año. Muchas de esas especies, y en particular la esparraguera común o triguera, florecen copiosamente desde mediados del verano y a lo largo del otoño, emitiendo además sus flores un perfume característico y agradable.