Uno de los elementos más característicos del clima belalcazareño es la
densa niebla con que suele aparecer el municipio durante muchos días, ya desde
mediados del otoño, y hasta entrada la primavera. La niebla se suele formar a
lo largo de la noche, y en los días invernales raramente desaparece antes de
media mañana.
Niebla en la plaza de la Constitución de Belalcázar. 11.2018
La niebla, junto a la escarcha o el rocío, forma parte de lo que
llamamos ‘precipitaciones horizontales’, esto es, aquellas en la que el agua no
cae de la atmósfera en vertical desde las nubes, como ocurre con la lluvia. Su
efecto está aún poco estudiado en España, pero en los trabajos de investigación
desarrollados hasta ahora, todo indica que su contribución a la suma anual de
agua que llega hasta las plantas y el suelo puede ser muy importante, e incluso
superar a la que se recoge anualmente en forma de lluvia.
Además de lo anterior, las nieblas dan lugar a paisajes peculiares a
los que, quizá acostumbrados cada invierno, no damos importancia, pero que
llegan a tener un alto valor estético, particularmente en el entorno de las
dehesas de encina que dominan buena parte del Valle de los Pedroches.