2011/06/05

Belalcázar Universal prepara el Día del Árbol 2011



Una de nuestras webs preferidas, Belalcázar Universal, va a celebrar el Día del Árbol con una exposición fotográfica sobre bosques, para la que se han venido recogiendo imágenes originales en internet. Conviene que estéis atentos/as para disfrutar de las fotos en cuanto se abra la exposición, en www.belalcazar.org

2011/05/13

Los 'buphthalmos' del botánico belalcazareño Tomás Murillo-Velarde

A pesar de que nuestro pueblo ha dado a la historia casi exclusivamente gentes de armas, letras o altares, existe algún caso ‘disidente’ de celebridades dedicadas a la ciencia, destacando entre ellos el de Tomás Murillo-Velarde y Jurado; nacido en Belalcázar hacia 1610, fue médico de Felipe IV y Carlos II, e impartió conocimientos de botánica y medicina como catedrático en la Universidad de Granada. Una de sus obras más célebres, conocido entre los estudiosos españoles como ‘Tratado de raras y peregrinas hierbas’ (título resumido, ya que el verdadero original es muy extenso), dedica parte de su contenido a explicar la diferencia entre lo que en aquella época se conocía como ‘abrótanos’ u ‘obrótanos’, y los ‘besphthalmos’ o ‘buphthalmos’. Los primeros incluyen a diversas especies aromáticas de géneros Artemisia y Santolina, mientras los segundos corresponden a lo que en la ciencia botánica previa al sistema de nombres científicos de Linneo -establecido a mediados del XVIII- se conocía como Buphthalmum. Linneo respetó dicho nombre, que es una latinización de otro similar griego; traducidos a la fonética castellana, diríamos que la palabra se divide en ‘bu’ (buey) y ‘oftalmos’ (ojo), de donde deriva el fitónimo tradicionalmente dado por los farmacéuticos medievales, ‘ojo de buey’, que acabó siendo el nombre vulgar actual de este grupo de plantas. Los ‘ojos de buey’ agrupan a plantas hoy en día adscritas al género Asteriscus (por el aspecto estrellado de sus capítulos florales), aunque una de ellas, la más abundante (Asteriscus spinosus) suele incluirse en un género independiente, Pallenis (como Pallenis spinosa). Algunos botánicos adscribieron al mismo género plantas de inflorescencias parecidas, que hoy en día reconocemos como miembros de otros géneros, en particular Inula o Pulicaria.

Ejemplares de ojo de buey común, de apenas 2 a 3 cm de talla, cerca de la Cruz de Palo, en Belalcázar. © E. Laguna, 23.04.2011

En su ‘Tratado de raras y peregrinas hierbas’, Murillo-Velarde comentó especies de distribución relativamente amplia, que muy probablemente conocía ya desde su infancia en Belalcázar. Así, y aunque sus obras escritas se redactaron fundamentalmente en Madrid y Granada, ninguna de ambas tierras alberga a la mandrágora hembra (Mandragora autumnalis), planta que a cambio sí que existe en Belalcázar. No ocurre así con sus ‘ojos de buey’, ya que las especies españolas están ampliamente extendidas, y en particular las propias de tierras interiores, representadas por dos plantas presentes en Belalcázar y otros términos cercanos de los Pedroches, La Serena y el Valle de Alcudia. Se trata de Pallenis spinosa y Asteriscus aquaticus.

Imagen de la inflorescencia de Asteriscus aquaticus. © E. Laguna, Belalcázar, 24.04.2011

El ojo de buey menor o común (Asteriscus aquaticus) no es muy frecuente aunque aparece a veces algo abundante en rodales por Belalcázar. A pesar de su nombre no es en absoluto una planta palustre o colonizadora de arroyos, sino que suele crecer en pastizales de baja talla y claros del matorral. Aunque en otras zonas puede alcanzar tallas más notables, ramificándose y superando los 30 cm, en Belalcázar suele crecer como una planta diminuta que pasaría desapercibida si no fuera por su llamativa floración.

Aspecto general del ojo de buey espinoso (Pallenis spinosa). © E. Laguna, 06.2008

La otra especie, el ojo de buey espinoso (Pallenis spinosa) es aparentemente más frecuente, y parece estar incluso en expansión en bordes de carreteras y caminos, colonizando a menudo suelos duros o compactados donde otras plantas tienen dificultad para crecer. Su aspecto difiere del ya indicado para A. aquaticus salvo en el capítulo floral. Pallenis spinosa suele ser planta más elevadas, de ramas casi verticales, con una roseta densa de hojas en la base y otras más alargadas a lo largo del tallo, sobre todo en los sitios donde se ramifica; las hojuelas externas que rodean al capítulo floral acaban en fuertes espinas, que confieren el nombre científico a la planta. Las flores de P. spinosa pueden variar del amarillo fuerte o algo anaranjado al pálido o blanco-amarillento, mientras en Asteriscus aquaticus son normalmente de color amarillo intenso. En Belalcázar Pallenis spinosa crece más frecuentemente en suelos pizarrosos, por la zona occidental (p.ej. por los Malagones, en las cunetas de la carretera que va hacia la Estación de Belalcázar), mientras A. aquaticus parece preferir sustratos derivados de calizas, o bien terrenos ricos en arcillas pero dentro del sector granítico centro-oriental del término municipal. Estas preferencias no son necesariamente exportables a otros municipios, ya que ambas especies pueden colonizar hábitats coincidentes.

Capítulo floral de Pallenis spinosa. © E. Laguna, 05.2008

El cardillo azul en flor

Cardillo azul (Carduncellus cuatrecasii), fotografiado en las veredas cercanas al camino de La Mata de Belalcázar. © E. Laguna, 23.04.2011

Uno de los endemismos cordobeses más notables es el cardillo azul, Carduncellus cuatrecasii, perteneciente a la familia de las compuestas o asteráceas. Parece que su distribución mundial se centra especialmente en la serranía Subbética, tanto en Córdoba como en provincias colindantes, pero se conoce su presencia disyunta en los Pedroches y áreas cercanas del norte de la provincia.

A pesar de su nombre, esta planta no es objeto de consumo como los verdaderos cardillos (Scolymus hispanicus, también asterácea), y de hecho sus hojas, mucho más rígidas, recuerdan más bien a las del cardocuco o cardo de seta (Eryngium campestre, planta de la familia de las apiáceas o umbelíferas), aunque son más pelosas. El cardillo azul aparece en pastizales y matorrales abiertos no muy pastoreados, y florece hacia mayo o principios de junio, aunque las temperaturas benignas de esta primavera han favorecido que floreciera antes, ya desde mediados de abril.

Inflorescencia de Carduncellus cuatrecasii, rodeada de brácteas espinosas. © E. Laguna, Belalcázar, 24.04.2011

A diferencia de los cardillos, esta especie exhibe sus cabezuelas de flores casi a ras del suelo o al final de tallos muy cortos y algo tortuosos, y las brácteas espinosas que las rodean están cubiertas de vellosidad blancuzca. Por Los Pedroches existe otro representante del género, Carduncellus caeruleus, también de flores azules pero con tallos más rectos y elevados, y con brácteas florales espinosas poco divididas, que cubren solo la parte basal de la cabezuela floral; las hojas son además más enteras, aserradas pero poco espinosas. En C. cuatrecasii, la brácteas basales espinosas cubren toda la cabezuela, y como veis en la foto están inmediatamente rodeadas de las últimas hojas del tallo, estrechamente divididas y armadas con fuertes espinas al final de cada nervio.

Hohas del tallo de Carduncellus cuatrecasii. © E. Laguna, 24.04.2011

Esta planta fue dedicada a uno de los botánicos españoles más célebres, el Dr. José Cuatrecasas Arumí (1903-1996)*, que desarrolló gran parte de su carrera botánica en Estados Unidos -falleciendo de hecho en Washington-, siendo uno de los grandes descriptores de la flora tropical mundial. Entre sus primeros trabajos, desarrollados en España, destacaron sus estudios de algunas zonas de Andalucía, y en particular del macizo de Sierra Mágina (Jaén), en el que realizó su tesis doctoral.

El ajo negro ni es negro ni huele a ajo

Allium nigrum, en campos de cereal junto al camino de La Mata en Belalcázar. © E. Laguna, 23.04.2011

Entre las plantas fieles a las sementeras, que raramente se ven fuera de éstas o de sus lindes, está una bulbosa denominada ‘ajo negro’ en la mayoría de diccionarios de nombres populares, aunque dicho término parece derivar de una mera adaptación de su nombre científico, Allium nigrum. Como otros casos parecidos es probable que la difusión de ese nombre se hiciera en el pasado a través de apotecarios (o sea, boticarios), médicos u otros estudiosos de las plantas y sus utilidades. Aunque escasea por Belalcázar -de hecho ni siquiera está citada para el norte de Córdoba en los principales catálogos de referencia sobre nuestras plantas superiores-, este año hemos podido localizar algunos ejemplares en los campos de trigo y centeno que bordean el camino de La Mata.

Inflorescencia de Allium nigrum. © E. Laguna, Belalcázar, 23.04.2011

Las flores del ajo negro no son realmente negras sino violáceas o rosado-azuladas, y se reúnen en gran número en cabezuelas con forma de copa. La estructura de las flores es parecida a las del restos de especies del género Allium, lo que justifica su inclusión en dicho grupo; sin embargo, y a diferencia de casi todos sus congéneres, las partes aéreas y subterráneas de la planta no despiden el característico aroma de los ajos. De hecho se trata del único representante en nuestras tierras del subgénero Melanocrommyum, muy raro en la Europa Occidental, y es muy probable que como en el caso de otras plantas mesegueras -o sea, propias de los sembrados cerealistas- se trate realmente de un arqueófito, una planta inicialmente no nativa de nuestra flora, pero que llegó en tiempos antiguos, en el marco de la expansión de los cultivos a los que se asocia. En la mayoría de tratados botánicos, muchos de nuestros arqueófitos cerealistas están prácticamente considerados como plantas autóctonas, ya que su extensión hasta el Mediterráneo Occidental pudo durar miles de años, y realizarse involuntariamente por el ser humano.

Macrofotografía de flores de un ejemplar belalcazareño de Allium nigrum © E. Laguna, 24.04.2011

2011/05/05

El árbol del Paseo

Flor de Melia azederach. © E. Laguna, 05.05.2011

Estos días anda en flor el árbol que domina desde hace décadas el Paseo de Corpus Barga (o simplemente 'El Paseo') de Belalcázar. En el mundo de la jardinería, donde a menudo se conservan parte de los nombres científicos, a este árbol se le denomina 'melia', ya que el nombre de esta especie es Melia azederach. 'Melia' era el nombre de una de las ninfas más conocidas de la mitología griega. Los nombres más habituales para esta especie vegetal en castellano son 'lilo hindú' (en referencia al origen de la planta, ya que proviene del Sur y Sudeste asiático), o por defecto 'árbol del paraíso', nombre que sin embargo se atribuye en lengua castellana a muchas especies arbóreas tropicales de flores fragantes. También se le denomina ocasionalmente 'cinámono', apelativo que más bien conviene reservar para las lauráceas del género Cinnamonum; éste último incluye a diversos árboles subtropicales muy diferentes de las melias, como son el de la canela (Cinnamonum zeylanicum) o el del alcanfor (C. camphora).

Fruto de Melia azederach. © E. Laguna, 05.04.2011

La Melia azederach tiene una floración breve pero muy fragante, sobre todo al anochecer y al amanecer, momentos en que puede atraer más a los insectos de vuelo crepuscular. A diferencia de las flores, sus frutos, amarillentos y carnosos, son más bien pestilentes, de aroma muy desagradable. Aunque es una especie caducifolia cuyas hojas amarillean en otoño y se desprenden del árbol con los primeros fríos invernales, es habitual que muchos de los frutos soporten esa época del año, y acaben cayendo al suelo por el empuje de las nuevas yemas o por el efecto de los fuertes vientos primaverales. En consecuencia no es raro ver algún ejemplar estos días con flor, y nuevas, al que simultáneamente queden aún algunos frutos por caer. Conviene recordar de paso que, en determinadas circunstancias favorables, puede convertirse en una especie invasora de nuestros ecosistemas, por lo que no es aconsejable plantarla en medio de entornos naturales (p.ej., en áreas recreativas forestales).

Para ampliar información sobre esta especie y sobre los cinámonos podéis consultar sus correspondientes fichas en la Wikipedia:

A muchas aguas, más ranas

Maco de rana común, fotografiado en el puente que cruza sobre el arroyo Caganchas o Malagón junto a la fuente y abrevadero del Pilar, en Belalcázar © E. Laguna, 25.04.2011

Con un año tan lluvioso y a la vez cálido era raro que los anfibios no aparecieran por doquier, incluso los más inhabituales. Lo nos incondicionales por supuesto son la rana (Rana perezi) y el sapo común (Bufo bufo), que campean a sus anchas. Pero tampoco ha sido raro ver estos días a otros anuros -anfibios sin cola- como el sapillo pintojo meridional (Discoglossus jeanae), alrededor de las charcas donde intentará aparearse.

Tritón enano (Triturus pygmaeus), en las inmediaciones de la Estación de Belalcázar (El Viso). ©E. Laguna, 23.04.2011

Del grupo de los urodelos o anfibios 'con cola' localizamos estos días al tritón enano o tritón jaspeado meridional (Triturus pygmaeus), una de las 3 especies de este grupo de anfibios por el Valle de los Pedroches, y de paso la más llamativa por sus colores. Las otras dos son el gallipato o ‘marrajo’ (Pleurodeles waltl) y el tritón ibérico (Lissotriton boscai), de las que el primero es fundamentalmente acuático, mientras el segundo hace a menudo escapadas más largas a tierra firme.

2011/04/22

Si la encina tiene mucho moco....

Ejemplar de encina (Quercus rotundifolia) con abundante floración masculina, que durante unos días confiere un aspecto péndulo y un tono cobrizo a la planta. © E. Laguna, entre Guadalmez y Santa Eufemia, 21.04.2011

Dice el refrán que si la encina tiene mucho ‘moco’, en la montanera da poco. Este dicho alude a la flor masculina de la encina, organizada en amentos o inflorescencias colgantes, a las que popularmente se les llama ‘moco’. La encina, como el resto de plantas del género Quercus, es monoica, es decir, tiene las flores masculinas y femeninas diferentes, situadas en sitios diferentes de las ramas, aunque a menudo reunidas en el mismo pie. Frecuentemente la floración masculina se adelanta a la femenina, por lo que si el árbol invierte demasiado esfuerzo en hacer el ‘moco’, luego apenas si emite flores femeninas, o bien no tiene suficiente energía para formar frutos con abundancia. Las lluvias abundantes en el invierno y principio de la primavera –como está ocurriendo en 2011- favorecen este exceso de flor masculina, y por tanto la escasa producción de bellota en el otoño; por el contrario, los años de lluvias tardías suelen ser más propensos a dar buenas montaneras.


Aspecto de los amentos, inflorescencias colgantes masculinas de la encina. © E. Laguna, 20.04.2011

Año de lluvias, año de cicutas

Ejemplar de cicuta (Conium maculatum). Para identificarla bien hay que fijarse en las manchas del tallo -ver foto más abajo-. © E. Laguna, 21.04.2011, Cabezarados (CiudadReal)

La cicuta (Conium maculatum) es una planta relativamente corriente en los márgenes de arroyos pedrocheños, aunque raramente se hace abundante, salvo en los años lluviosos. En ese caso, sus semillas germinan incluso lejos de los cursos de agua, y no es raro verlas en cunetas, solares, pies de muros, etc.

Como es sabido es una planta muy tóxica, aunque no suele dar problemas por el contacto con la piel, sino por la ingestión de cualesquiera de sus partes. El envenenamiento del ganado es muy raro, porque la planta ya advierte a sus posibles comensales con un olor desagradable, y sobre todo con las abundantes manchas de color sanguíneo en sus tallos; el nombre en latín de la especie, Conium maculatum, hace precisamente referencia a la máculas o manchas tan características del ‘tronco’ o ‘caña’ de la planta.

Tallo de cicuta, típicamente manchado con máculas rojizas alineadas, a veces formando líneas. © E. Laguna, 21.04.2011, Cabezarados (CiudadReal)

Recuperación de la población de nenúfar silvestre del Zújar


Aspecto de las formas silvestres del nenúfar autóctono, Nymphaea alba. ©E. Laguna, 07.07.2007.

El último ejemplar del boletín GeoBio que edita la Consejeria de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía -abajo va la dirección de internet- detalla los trabajos que se han abordado para mejorar la única población estable conocida de nenúfar silvestre (Nymphaea alba) en la provincia de Córdoba, que se encuentra precisamente en el tramo del río Zújar que limita con Cabeza del Buey, aguas abajo del puente de la carretera que va de Belalcázar hacia aquel municipio pacense, y antes de llegar a la partida de Madroñiz.

Conviene recordar que la Junta está actuando también para la mejora de las poblaciones de trébol de cuatro hojas (Marsilea batardae) del Arroyo Torilejo de Belalcázar y el Galapagar de Hinojosa del Duque. Con suerte, en pocos años tendremos poblaciones más grandes y estables de estas plantas tan singulares y amenazadas, para las que Belalcázar y su entorno aportan un especial valor añadido al medio natural andaluz.

La dirección donde podéis descargar el boletín, y si os apetece suscribiros para recibir anuncios de sus nuevos ejemplares, es la siguiente:

2011/03/13

Las orquídeas abejeras ya están aquí

Antes de empezar la primavera ya suelen empezar a florecer las orquídeas más tempranas de Belalcázar y el resto de Los Pedroches, y en particular lo hacen las primeras abejeras o flores de la abeja, que reciben su nombre por el parecido que tienen con algunas especies de ese grupo de insectos. Se trata de las especies del género Ophrys, que como las Orchis y otros géneros cercanos poseen dos tubérculos subterráneos, aunque no los usan para la propagación de la planta, que siempre se hace de semilla y es especialmente difícil en cultivo.


En la comarca existen citas sufientemente documentadas de al menos 6 especies de Ophrys, siendo la más temprana la abejera rosa (Ophrys tenthredinifera), denominada también 'zapatitos' o 'zapatitos de la Virgen'. Su floración coincide a veces con las formas tempranas de la abejera común (Ophrys fusca), una planta que algunos especialistas prefieren subdividir en diversas microespecies -de ellas la forma más temprana correspondería a la llamada Ophrys lupercalis-.



Algo más tarde, usualmente a partir de finales de marzo o en pleno abril, florecen al menos otras 2 de nuestras Ophrys. De un lado, la abejera amarilla (Ophrys lutea), cuyo labelo (labio central de la flor) posee un ancho reborde de color amarillo vivo. La otra, más habitual por Belalcázar y el extremo occidental del Valle de los Pedroches, es el espejuelo o abejera de espejo (Ophrys speculum), cuyo centro del labelo es de un color azul intenso, a menudo con reflejos plateados.


Parecida a la abejera común pero con una llamativa mancha en forma de letra omega minúscula (ω) es la Ophrys dyris. A menudo es ya algo tardía, del mes de abril, aunque no tanto como la flor de abeja por excelencia o abejera de los arroyos, Ophrys apifera, que suele exhibir sus flores ya en pleno mes de mayo.



Además de estas 6 especies, existen referencias dispersas de al menos otras 3 especies, de presencia más que probable en algunas partes del Valle de los Pedroches. De un lado, parecen localizarse formas de abejera común con reborde amarillo fino, que podrían corresponder a la especie Ophrys bilunulata, considerada a menudo como una variedad o subespecie de la propia O. fusca.


Una segunda especie indicada sería la abejera de flor alargada, Ophrys scolopax, parecida a O. apifera, pero más propia de matorrales, sotobosques clareados o pastizales, no tan exigente en humedad del suelo. Estas dos especies son muy parecidas entre sí, pero mientras en O. apifera el labelo parece estar doblado de delante a atrás, formando un saco achatado en su extremo, en O. scolopax lo hace al revés, como si se hubiera doblado por los lados, adquiriendo por ello una forma más alargada. En ambas especies pueden encontrarse por igual formas de 'alas' (tépalos externos que flanquean al lableo) blancas o rosadas, incluso de color rosa intenso.


Por fin, una especie muy probable en el Valle a juzgar por las referencias de pastores y otros usuarios habituales del monte es la flor del abejorro, Ophrys sphegodes, que como puede verse en la fotografía recuerda ciertamente más a ese tipo de insectos que a las abejas. El labelo es en este caso más uniformemente oscuro y panzudo.

Las orquídeas, aunque en algún caso puedan aparecer en rodales y aparentar ser abundantes, son especies de crecimiento lento, cuya germinación y desarrollo exigen una coincidencia de condiciones ambientales que a veces se da de modo muy ocasional, solo una vez cada muchos años. Es fundamental por ello no arrancar sus flores, y permitir que éstas acaben produciendo semillas, que resultan casi imperceptibles al ojo humano. Cada cápsula o fruto de las Ophrys puede contener centenares de miles de semillas, de las que con suerte la naturaleza dejará que alcance el estado adulto una nueva orquídea.

A la flor de los frutales

Aunque el término 'frutales' indica todo tipo de árbol que produce frutos comestibles en fresco, parece que tenemos la costumbre de asimilarlo más bien a las especies que, cumpliendo tal condición, pertenecen a la familia de las rosáceas (Rosaceae, la misma de los rosales, el espino albar, etc.). Dentro de ellos, suelen distinguirse tres grupos:

1) Las amilagdoideas, que incluyen al antiguo género Amygdalus (para la mayoría de botánicos es un subgénero de los Prunus, y por tanto formarían parte de la prunoideas, más abajo indicadas). Son especies con frutos de 'corteza' o pulpa externa (exocarpo) no comestible, de la que solo consumimos la semilla o almendra. Nuestro representante por excelencia es el almendro, Prunus dulcis (=P. amygdalus subsp. dulcis), que está acabando ya su floración.

Floración del almendro (Prunus dulcis = P. amygdalus subsp. dulcis). ©E. Laguna, 03.2010

2) Las prunoideas propiamente dichas, donde lo que suele consumirse es la 'corteza' o exocarpo carnoso. El endocarpo o 'hueso' no es comestible, y la semilla, encerrada en el hueso, es amarga y suele contener de hecho concentraciones poco aconsejables de algunos productos tóxicos como el ácido cianhídrico. Se trata de los frutales de hueso por excelencia, como el ciruelo (Prunus domestica), el cerezo (P. avium), el albaricoquero (P. armeniaca) y el melocotonero o albérchigo (P. persica). En su mayoría son especies de floración temprana -en su mayoría en flor en estos días, en incluso algunas empezando a hacerlo-, aunque usualmente más tardíos que el almendro.

Floración del melocotonero (Prunus persica). ©E. Laguna, 03.2006

Vara de ciruelo (Prunus domestica) en flor. ©E. Laguna, 03.2009

3) Las pomoideas o frutales con fruto en 'pomo', que contiene varias semillas, con o sin hueso. Las más populares son las que no tienen endocarpo duro, siendo las más populares el manzano (Malus domestica), el peral (Pyrus communis) o el membrillero (Cydonia oblonga); existen frutales de este grupo considerados cultivos tradicionales en desaparición, como el serbal (Sorbus domestica). En el otro extremo están las pomoideas con frutos con hueso -ya sea uno o varios por fruto-; en nuestra zona, y ya con carácter testimonial, aún quedan algunos aceroleros (Crataegus azarolus) y ejemplares sueltos de nispolero o nisperero europeo (Mespilus germanica), que no debe confundirse con el árbol que produce los nísperos a nivel comercial, Eryoborthria japonica. Una especie silvestre de este grupo en Los Pedroches, de frutos comestibles aunque insípidos, es el espino albar (Crataegus monogyna), conocido en la comarca como 'tilo' por el efecto calmante de la infusión de sus hojas y flores. Del grupo de pomoideas sin hueso conviene destacar también la presencia del peralillo silvestre o piruétano (Pyrus bourgeana), antiguamente denominado Pyrus mariana (o sea, peral de Sierra Morena), donde lo que se echa de menos es que la 'carne' fuera blanda y comestible, en vez de tener una consistencia casi ósea; el piruétano se empleó tradicionalmente en la comarca como portainjerto del peral y otros frutales.

Manzano (Malus domestica) en flor. ©E. Laguna, 03.2007

Estos días andan en flor nuestras rosáceas arbóreas, y conviene disfrutar de este bello pero efímero período. Las heladas de este invierno han favorecido una producción profusa de flores, y con suerte -si no hay heladas tardías- lo será también de frutos, que se nos irán ofreciendo a lo largo de los próximos meses, hasta bien entrado el otoño.

Flor del membrillero (Cydonia oblonga). ©E. Laguna, 03.2008

2011/03/11

Malos tiempos para las alergias a las plantas

Secuenciación de la floración en la espiga del alpiste silvestre o 'cola de zorra' (Phalaris minor). Las espiguillas (nombre de las estructuras florales de las gramíneas) se van abriendo de la parte alta a la inferior de la espiga en apenas 1 o 2 días. © E. Laguna, 06.03.2011

La mayoría de alergias al polen de las plantas son provocadas por plantas anemófilas, es decir, las que confían en que el viento sea su principal agente polinizador, en vez de hacerlo principalmente en los insectos u otras formas que faciliten la fecundación. Como ya hemos dicho en mensajes anteriores, muchas plantas de este tipo florecen precisamente a finales del invierno o principios de la primavera, lo que de paso les permite atraer subsidiariamente a los insectos para ayudar también a la polinización, aunque gran parte de ésta se haga sobre todo gracias al viento. En consecuencia algunas de las plantas que provocan mayor cantidad de reacciones alérgicas florecen precisamente en esta época, lo que incluye a especies como los cipreses o algunos grupos de gramíneas -aun cuando esta familia de plantas extiende su floración durante un periodo bastante más largo, al contrario que la de los cipreses-. La sucesión de lluvias con etapas cortas de sequía, y la alternancia de heladas con subidas rápidas de la temperatura entre finales de 2010 y el inicio de marzo de 2011 ha favorecido una floración más temprana de lo esperable para muchas especies de plantas silvestres (rabanillos, caléndulas, avenas locas, etc.); ello no impedirá que en muchos casos la floración de las mismas especie se prolongue hasta las épocas en que habitualmente lo hacían, o lo que es lo mismo, no es que todo el período floral se adelante en bloque, sino que se realmente hace más largo, salvo que una detención prolongada de las lluvias las obligue a detener su explosión de flores. El resultado es que las personas alérgicas pueden pasar en 2011 un año peor de lo habitual. Esperemos que esto no se convierta en una pauta usual para los próximos años.

Detalle de un tramo en floración de la espiga de Phalaris minor, donde pueden observarse las anteras con las 'tecas' (sacos que contienen el polen) ya abiertas. Los pequeños puntos amarillos en la parte superior de la foto son precisamente granos de polen. © E. Laguna, 06.03.2011

2011/03/07

Palmeras zorrunas

Por Belalcázar andan plantadas unas cuantas especies de palmeras, de las que merecen destacarse bien al menos 3. La más conocida para habitantes y visitantes del terruño zorruno es sin duda la palmera canaria o datilera canaria (Phoenix canariensis), que es la que preside desde hace muchas décadas la plaza del pueblo; a su esbeltez (es una de las pocas palmeras de su género con tronco único, no ramificado en la base) hay que unir la frecuencia con la que sus troncos y capiteles albergan otras especies de plantas (cerrajas, orejas de fraile, etc.) y por supuesto de aves, que nidifican en huecos practicados en sus escamas. Como ya indicamos hace tiempo en el blog, esta especie puede tener los días contados en nuestros jardines, como consecuencia del ataque del escarabajo conocido como ‘picudo rojo’. Sus dátiles son pequeños y amarillentos, de sabormuy áspero salvo que estén sobremadurados.

Palmera canaria con abundantes nidos de gorrión en sus escamas, en la Plaza de la Constitución de Belalcázar. ©E. Laguna, 03.04.2010

Más rara de ver, aunque con algunos pies sueltos por el término, es la palmera datilera común (Phoenix dactylifera), parecida a la anterior pero menos ornamental, con palmas más grisáceas, y con suerte (si coinciden un pie macho cerca de otro femenino) con sus conocidos dátiles (comestibles y mucho mayores que los de la palmera canaria), que raramente llegarían a la madurez por estas tierras. Probablemente la más notable datilera belalcazareña está en La Selva, aunque no es la palmera que muchos/as tendréis en la cabeza, esa otra particularmente alta que mira por encima del hombro a los eucaliptos cercanos a los restos del balneario romano. Se trata de la palmera californiana Washingtonia robusta, que puede alcanzar tallas extraordinarias. A diferencia de las Phoenix que tienen hojas 'pinnadas' (con dos filas de foliolos paralelos, ordenados como los dientes de un peine), las Washingtonia poseen hoja palmeada (todos los folíolos nacen del mismo punto) y sus dátiles, no comestibles, son diminutos y negros en la madurez, conteniendo un ‘hueso’ redondo; eso sí, atraen bastante a las aves, que se encargan de dispersarla. Para producir dátiles, la Washingtonia tiene el mismo ‘problema sexual’ que las datileras, ya que cada ejemplar contiene flores de un solo sexo.

Ejemplar de Washingtonia robusta en el paraje de La Selva. ©E. Laguna, 04.04.2010


Del mismo género es frecuente como ornamental en España la Washingtonia filifera (si bajáis a Córdoba podréis ver juntas las 2 especies en más de un jardín de la capital), que realmente es mucho más robusta que su pariente W. robusta. El nombre ‘filifera’ es poco afortunado, porque se refiere a los hilos que aparecen en la base de las palmas o al deshilacharse las hojuelas que las componen, tema en el que coinciden las dos especies de este género. Washingtonia filifera tiene el tronco mucho más grueso que W. robusta. A falta de foto belalcazareña, se adjunta aquí una tomada en Mahón (Menorca), donde puede apreciarse la robustez del tronco, que justamente falta en el nombre científico de la W. filifera.

Ejemplar de Washingtonia filifera, en una de las plazas del centro histórico de Mahón (Menorca). ©E. Laguna, 22.02.2006.

Las dos especies de Washingtonia son fáciles de distinguir por el tronco (robusto en filifera y fino en robusta) pero en algunas variedades de ambas especies los restos de hojas y escamas pueden pertenecer durante décadas muertos sobre el tronco, sobre todo en sitios protegidos del efecto constante del viento. En esos casos los expertos en plantas dejamos de ser tan expertos y recurrimos al socorrido 'sp.' (abreviatura de 'especie'), poniendo en nuestros archivos de fotos 'Washingtonia sp.' (o sea, una especie de Washingtonia). A lo sumo, como en la foto de abajo, antes o después acaban por caer algunas de las hojas más antiguas y acaba dscubriéndose la identidad.

Ejemplares de Washingtonia filifera con 'melena' de hojas muertas, en el Jardín Botánico de Valencia. ©E. Laguna, 21.09.2007

2011/03/02

Flores que se adelantan a la primavera


Junquillo de huerta o de jardín (Narcissus tazetta), tradicionalmente cultivado en Belalcázar y el resto de Los Pedroches. © E. Laguna, 28.01.2011

Pocas semanas antes de que empiece la primavera aparecen las primeras flores del año, incluyendo a algunas que lo hacen indiferentemente a finales del otoño, o que incluso llegan a florecer 2 veces (otoño y finales del invierno), como puede ocurrir con las mandrágoras, ya mencionadas en otras ocasiones en el blog, o nuestros animados junquillos de huerta (Narcissus tazetta). A menudo se trata de especies que necesitan acumular un número determinado de horas de frío para poder florecer, o en su caso para fructificar; los años de inviernos más fríos nos resultan molestos pero son los que provocan mejores cosechas de la mayoría de rosáceas (peral, manzano, ciruelo, cerezo, almendro, membrillero, etc.), que empiezan a echar también sus flores o están a punto de hacerlo.

Entre las flores más sencillas de toda nuestra flora silvestre están las del fresno de río (Fraxinus angustifolia), a quien como véis en la imagen le basta con tener un par de estambres alrededor del carpelo, sin que se aprecien a simple vista pétalos o sépalos. © E. Laguna, 02.03.2011

Sin embargo, algunas de las plantas que florecen en esta época pasan desapercibidas, quizá por ser poco atractivas o por vivir en lugares poco frecuentados. Entre ellas hay que incluir a muchos de los árboles de ribera con hojas caducas como olmos, álamos, sauces, chopos o fresnos. Estas especies suelen aprovechar el viento tanto para dispersar su polen como para hacer viajar sus frutos o semillas a sitios más lejanos; partiendo de esa idea, resulta claro que les interesa florecer antes de emitir las hojas nuevas, ya que así el polen encontrará pocos obstáculos para viajar de unas flores a otras, o para alcanzar las flores femeninas en aquellas especies en las que se encuentran separadas de las masculinas o instaladas sobre pies diferentes.

Glomérulos de flores del olmo común (Ulmus minor). © E. Laguna, 12.02.2011

La estrategia de la floración temprana se complementa con la de una fructificación rápida, de modo que en pocas semanas los frutos, a menudo adaptados a ese transporte por el viento o el agua, puedan desplazarse lo antes posible. Los árboles citados no tardan por tanto varios meses en producir sus frutos, como hacen a cambio la mayoría de árboles que pueblan nuestros campos y montes (encinas, madroños, etc.)

Amento (espiga colgante) con flores masculinas de álamo (Populus alba). © E. Laguna, 02.03.2011

2011/01/04

Nueva exposición de Damián Flores

Desde hace un par de semanas, la galería Estampa (c/ Justiniano, 6 - Madrid) expone cuadros de nuestro paisano Damián Flores. La exposición, dedicada a la Gran Vía de Madrid, estará abierta hasta el 29 de enero. Para los que no podáis visitarla, tenéis imágenes de los cuadros en la página web de la galería, www.galeriaestampa.com Aquí abajo tenéis una miniatura del cuadro 'Chaves Nogales' que forma parte de la exposición de Damián.